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José María Arguedas: El charango

Ricardo Palma: Un Opispo de Ayacucho(tradición)

Ricardo Palma y Juan de Arona, tras las huellas del charango

Julio Mendivil: Apuntes para una historia del charango andino

Pedro Obaya: El gran prócer y charanguista puneño, en las huestes de Tupac Amaru y Tupac Catari.

Alejandro Vivanco: El charango y los charanguistas

Omar Ponce:
El Chillador del Altiplano Peruano


Introducción a las afinaciones del charango

Thomas Turino:
El charango y la
Sirena,
música magia y el poder
del amor

Las trayectorias artísticas de Moisés Vivanco y Mauro Nuñez en el ambiente folclórico limeño.

El charango: Libro del maestro puneño Felix Paniagua Loza

Mapa del uso
tradicional del
charango en el Perú

Recordando al poeta Luis Nieto

Manuel Baca Escalante
y sus charangos

Los Jaukas en el Cusco

Historia de la guitarra
en el Perú. Javier Echecopar

Tomados de cantera de sonidos:
- Charango peruano y los charangos peruanos

 - La música que hizo llorar a Arguedas

- A la “Lira Paucina” en sus Bodas de Plata(1,975)

- El charango según Jaime Guardia

- Breves notas para una visión general de la música indígena y mestiza.

- Instituto Nacional de Cultura(INC) Declara Patrimonio Cultural de la Nación al Charango.

 

   
    
 
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Charango apurimeño. En 1943 Arturo Bravo Pinto nos relataba la dura realidad del indio, compañero inseparable del charango, en un artículo de la Revista Folklore - Tribuna del pensamiento peruano.


 

Ahora veamos que tiene que hacer el charango en Apurímac.

En realidad, en todo el sur peruano, el charango es el típico diablillo de los senderos. Es el alma humorista del indio, del cholo y del mestizo.     

Se le porta como un libro. Todo su sarcasmo alegre se repliega fácilmente en su pequeñez.

Es un ensayo a guitarra. Es la mujercita que con su pandereta al lado, juega a la vida y al amor.

El charango llora y ríe con la misma facilidad con que se adentra en las horas de esparcimiento,  cuando las guitarras se dejan para las cosas graves de la vida.

El charango, siempre está en manos traviesas. Hay que oírlo, debemos pensar en él, su acento chillón bien expresado, nos lleva por todos los caminos del indio, sin querer, sin desearlo.

Cuando escucho el charango simplemente me río de todos los indigenistas, tan ingenuos que suponen que Homenaje al indio es hablar de él falsificadamente. Pobre indio ¿quién recuerda de él cuando se le trata como bestia de carguío en las minas? ¿Quién le compadece, cuando vive la gleba de las haciendas y latifundios? Nadie.  Sólo el charango cuenta esta amarga historia, a quiénes no queremos saber de literatura fofa, sobre este indio que hoy homenajeamos, cuando él está solitario en las punas, o explotado, en una “tarea” criminal.

¿Para qué más?. Sigamos con este charango vengativo,  con su altivez hirsuta! Saludemos al indio en el acento de las composiciones que ahora escucharéis. El charango reirá de todos los muñecos con poses de mandones, y dejará en nuestra alma un pedazo de sierra y otro pedazo de valle, como todo esto es Apurímac.  

 

 
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