EL
ROMANCE DE LOS CHARANGOS
(A Luís E. Valcarcel)
LA RITA
Desde la hora del alba
la Rita se está arreglando.
Dice que va a comulgar
porque ayer se ha confesado.
Está fresca y está linda
con olor a leche y pasto
En su corazón de alondra
madura el zorzal su canto.
Una lámpara de trinos
le ofrecen los finos álamos
Su cosecha de luceros
los arroyos desvelados
Si te faltara una cuerda
para templar la tonada,
a la Antucacha bandida
le robas una mirada.
Junto con ella, fiesteras,
las brisas bajan silbando.
Una lluvia de rocío
se deborda de sus manos.
Los cerros siguen durmiendo
pues todavía es temprano.
Los pájaros serenateros
recién se están acostando.
Por el camino encendido
se va riendo y soñando.
Para beber le regalan
los manantiales un cántaro.
¿Las campanitas del pueblo
que locas están
llamando!
La Rita va a comulgar
porque ayer se ha confesado.
LA PELEA
La Rita se vuelve sola
y más alegre que un huayno
Un gorrión de sangre sueña
en su corazón de nardo.
De repente un griterío
alborota el vecindario.
Voces de riña cholera
llegaban del despoblado.
Y es que la Rita que se iba
por el caminito claro,
cayó en la gran emboscada
de unos pícaros charangos
Por su amor, de puro
lisos,
armaron bronca los guapos
Se
atacaban a pedradas
y a veces a navajazos.
Al borde de los sollozos
la risa se está quemando
De las heridas abiertas
se escapa agónico un canto.
Un manantial de rubíes
corria camino abajo.
¡Era una queja la sangre
en el espejo de un charco!.
Y entre alarido y
blasfemia
morían aquelos bravos.
Los cuhillos se bañaban
en sangre de los contrarios.
Muchos cayeron de muerte.
otros rodaron sangrando.
Los chorros eran un coro
de lamentos resignados!
¡Qué es lo que tiene la Rita
que enciende tales escándalos,
pues siempre que viene al pueblo
hay pelea de charangos!
EL ENTIERRO
Llenos de rojos claveles
los pechos de los charangos,
a la orilla del camino
se desangran sollozando.
Herida mañana gime
al borde de los barrancos
La Rita deja sus lágrimas
clavada entre los cardos.
Rondas de angustias
y de quenas
descienden de los peñascos
(A los caídos, las brisas
se los llevan a enterrarlos).
Las brisas see van dolientes
por un camino de llanto.
En silencio un viento triste
las acompaña enlutado.
Pasa el cortejo de waynos
entre árboles amortajados.
Desde una siembra de llagas
Los pájaros están llorando
Sobre la sangre caída
sobre los cuerpos helados,
palomas de alba y de lágrima
extienden pañuelos blancos.
Desmelenadas y trágicas
las guitarras se han callado.
(De los senderos sonámbulos
llega roto un grito
amargo).
Por el camino, las brisas
tejen sus collares
albos,
para cubrir de canciones
los dulces restos nevados.
El corazón de la Rita
es una tumba de huaynos.
En él, entre dos latidos,
se enterraron los charangos. |